FUERA BURGOS

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lunes, 13 de julio de 2026

 


El gobierno de los ricos. Por Hugo Villar C.

 

Vamos a comentar la popular y exacta frase del Gobierno de los Ricos. Andrés Bello, en el Código Civil, nos enseñó que cuando el sentido de la ley es claro no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu. Cuando el fin del gobierno es claro no hay declaración, ni pretexto, ni metáfora que pueda esconder su objetivo final, gobernar para los ricos.

 

Y como eso significa no gobernar para todos los demás, es decir, no gobernar para el 90% de la población o más, es evidente que la inmensa mayoría de los chilenos son los perjudicados.

 

El proyecto de ley llamado de Reconstrucción Nacional, bajo la excusa de promover el crecimiento económico, se centra en la rebaja de impuestos para las grandes empresas. El asunto es sencillo.

 

Menor tributación significa menos recursos para el Estado, menos recursos para educación, para seguridad, para vivienda, para medioambiente y para salud, entre otros. A esta aberración legislativa hay que sumarle la brutal rebaja de los presupuestos para estas mismas áreas. Hagamos una pregunta simple.

 

¿Se necesitan más recursos para hospitales, escuelas y para paliar el enorme déficit de vivienda? El gobierno piensa que se necesitan menos. Es obvio que para la clase social que gobierna no necesitan más hospitales. Les bastan las clínicas privadas.

 

No necesitan escuelas y universidades públicas. Tienen colegios y universidades privadas. No necesitan planes de construcción de casas.

 

Tienen su primera, segunda y tercera vivienda. La falacia, esta falsedad con apariencia de verdad, consistente en que, si las grandes empresas pagan menos impuestos, no las pequeñas ni las medianas que tienen una tributación menor, podrán invertir más y ello significará más trabajo y mejores sueldos. Dicho de otro modo, el engaño pretende hacernos creer que, si las empresas ganan más, Chile gana más.

 

Este trasnochado discurso de los Chicago Boys es falso. Menores impuestos son más ganancias para los empresarios. Las que, como bien lo sabe el propio Kast, van, además, a los paraísos tributarios del Caribe.

 

¿Habrá alguien que genuinamente crea que menos impuestos van a mejorar a los pobres, a los niños, a los cesantes o a los adultos mayores? ¿Habrá alguien que crea que menos presupuesto del Estado va a mejorar la salud, la educación, la vivienda o la seguridad pública?

 

Ahora, además, el gobierno intenta impulsar una reforma laboral para que los trabajadores se asemejen lo más posible a la esclavitud o al feudalismo y que, entre otras perlas, pretende terminar con las indemnizaciones por años de servicio. Es decir, si a usted lo despiden sin causa justificada, se va a la cesantía sin pago del empleador. Imaginemos qué significa eso.

 

1.     Absoluta precariedad en el empleo e impunidad para el abuso.

2. Permitir el despido por necesidades de la empresa sin mayores exigencias que lo que estime el propio empleador.

 

3. Jornada laboral de hasta 52 horas semanales sin pago de horas extraordinarias.

 

De las 40 horas que se lograron y que son ley hoy, el empleador puede fijar la jornada que se le antoje en la época del año que quiera. Vía engaños, propaganda del terror y manipulación comunicacional, Kast ganó la elección presidencial con un 58% y obtuvo mayoría en el Congreso. Cuatro meses después, las encuestas le dan en promedio alrededor de un 30% de apoyo.

 

Los millones de chilenos engañados y desencantados que eligieron a Kast van día a día comprendiendo simplemente que la ultraderecha gobierna para los ricos, no gobierna para Chile.