Carta Geopolítica 103: La disputa global por la justicia tecnológica, el caso de la IA.
Por Carlos Gutiérrez P.
Nadie puede poner
en duda el avance que se ha ido produciendo en nuevas tecnologías relacionadas
con la inteligencia artificial, a escala global y a ritmos acelerados. Por lo
mismo, ha comenzado también una atención especial sobre las cualidades que estas
traen y las repercusiones para la vida humana, de la misma forma que sucedió
con todos los avances revolucionarios en la ciencia y la tecnología.
Ese fue el tono del
reciente encuentro en Shanghai de la Novena Conferencia Mundial de IA, y en
especial el discurso de apertura del presidente chino Xi Jinping del 17 de
julio, que se celebró durante 4 días, que reunió a 1.117 empresas expositoras,
más de 4.400 piezas expuestas y más de 400.000 visitas, con delegados de 102
países y organizaciones internacionales.
La relevancia del
discurso inaugural no solo estaba dada por ser el anfitrión de la reunión, sino
por el papel actual que tiene China tanto en la vanguardia tecnológica, y en
particular sobre la Inteligencia Artificial, como también por rol de liderazgo que
juega en el sistema internacional, que tiende a la configuración de un mundo
más justo a partir de un modelo multipolar.
El discurso del presidente chino tuvo tres grandes temáticas:
1.- La desigualdad tecnológica
La advertencia
del presidente chino Xi Jinping contra una "nueva injusticia
histórica" en la inteligencia artificial es un mensaje para que la próxima
revolución tecnológica no repita los patrones de desigualdad del pasado.
Esa injusticia se produciría si los países
en desarrollo volvieran
a suministrar datos,
recursos y mano de
obra, mientras que otros se apropian de la riqueza, la influencia y las
recompensas generadas por la IA; una brecha que ya parece estar gestándose.
“Debemos llevar a
cabo una amplia cooperación internacional y ayudar a los países del Sur Global
a fortalecer sus capacidades para superar las brechas digitales y de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar la creación
de nuevas injusticias históricas en este ámbito”, declaró
el presidente Xi.
El líder chino
fue bastante coherente al posicionar a China como el principal defensor del Sur
Global en la lucha contra la brecha digital, y como el país que garantizará que
sus vecinos se beneficien del desarrollo de Pekín.
La historia
demuestra que la tecnología siempre ha desempeñado un papel decisivo en la
configuración del destino de una nación, razón por la cual la IA es hoy tan
crucial para las relaciones entre Estados Unidos y China. Estados Unidos no
renunciará fácilmente a su posición de "primer país del mundo" y la
defenderá a toda costa.
Afirmó que la desigualdad se convierte en injusticia "cuando los países tienen
pocas oportunidades de influir en las normas, obtener
beneficios o ejercer una capacidad de decisión significativa sobre las
tecnologías que afectan a sus sociedades". Por lo tanto, esta surge cuando
un solo país monopoliza una tecnología y se niega a compartirla. El dominio de
la tecnología ha creado campeones y perdedores perpetuos. Esto es más sensible
cuando la percepción social sobre la IA es que se ha constituido en parte
central de la vida cotidiana.
En el contexto
tecnológico, las referencias del presidente chino se pueden observar a través
de sucesivas revoluciones industriales que enriquecieron a sus propietarios y dejaron a los recién
llegados en una situación de dependencia: desde los ferrocarriles de la
época colonial construidos para transportar minerales a los puertos, hasta los
regímenes de patentes del siglo XX que limitaron el acceso asequible a ciertos
medicamentos y tecnologías.
Las revoluciones
tecnológicas anteriores crearon riqueza, pero no de forma equitativa. La
infraestructura colonial se construyó principalmente para extraer recursos en
lugar de desarrollar las economías locales, y posteriormente las plataformas
digitales capturaron un enorme valor de los mercados del Sur Global sin
construir industrias locales comparables. El resultado es que muchos países
siguen siendo consumidores de tecnología en lugar de productores.
Para el
especialista Chen, de The Asia Group, el mensaje de Xi sobre la prevención de
otra “injusticia histórica” en IA refleja
la determinación de Beijing de no repetir
su experiencia de la era de internet, y señala
que hay que recordar que la Internet,
desde sus inicios,
fue algo muy estadounidense, que tuvo
sus orígenes en la investigación financiada por el ejército estadounidense.
China no tuvo la oportunidad de participar en absoluto en la redacción de las
reglas y los estándares, principalmente porque en esa época China era un país pobre en desarrollo.
Ese recuerdo
tiene un peso particular en la propia narrativa política china, que vincula la
debilidad del país en el siglo XIX y principios del XX, período oficialmente
recordado como el “siglo de la humillación”,
en parte por no mantenerse al día con los avances
industriales y tecnológicos.
China se quedó atrás en las tres revoluciones industriales anteriores (máquina
de vapor, la electricidad
y la tecnología digital). En esa dirección, lo que el presidente chino afirmó
es que su país no va a permitir que la historia se repita, porque si se deja
que la IA siga el mismo camino que el comercio electrónico e Internet, es previsible que los países
ricos se hagan más ricos y, por lo tanto,
el mundo se vuelva cada vez más desigual.
2.- Las brechas
tecnológicas.
Según datos
generales, los indicios de las brechas ya se vislumbran. Unos 118 países, en su
mayoría del Sur Global, están ausentes de los principales debates mundiales
sobre la gobernanza de la IA, según un informe de 2025 de la Organización de
las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (ONU-DSD). Tan solo 100 empresas, principalmente estadounidenses y chinas,
representan el 40 % del gasto
corporativo mundial en investigación y desarrollo, mientras
que menos de un tercio de los países
en desarrollo cuentan con estrategias nacionales de IA. Las bases
eran desiguales incluso
antes de que la IA entrara en escena. Se estima que el 94 % de la población de los países de altos ingresos estaba
conectada a
internet en 2025, frente al 23 % en los países de bajos ingresos, según la
Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo de la ONU.
Según especialistas, el riesgo no reside solo en que los países queden excluidos
de la IA, sino en que se vean obligados a integrarse en ella en
condiciones desiguales: suministrando datos,
minerales y mano de obra, pero con
escasa influencia sobre las tecnologías de las que dependen. Un país puede
tener acceso a la IA y aun así ocupar la posición de menor valor en la economía
global de la IA. Ya se ha configurado un patrón,
que denominan “extractivismo digital”: los beneficios de la IA se concentran en un puñado de empresas de Estados Unidos y China, mientras que
sus costes recaen sobre los países menos preparados para afrontarlos.
De los ejemplos más
notorios se citan el trabajo mal remunerado de etiquetado de datos en Kenia y
Nigeria, que ayuda a perfeccionar grandes modelos lingüísticos, así como las
demandas de agua y energía de los centros de datos, cuyo impacto ambiental puede
afectar desproporcionadamente a las comunidades locales
3.- Cerrar las brechas
China ha
presentado una serie de iniciativas destinadas a impulsar su visión declarada
de un orden global de IA más inclusivo, posicionándose como un actor clave en la configuración de su futuro.
En su discurso,
el presidente Xi Jinping prometió 5.000 oportunidades de capacitación en IA
para países en desarrollo durante cinco años, así como centros de cooperación
con bloques regionales como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático
(ASEAN) y la Unión Africana.
El sistema
chino de alerta meteorológica basado en IA, Mazu, también se implementará en 30
países, según anunció Xi. Ese mismo día, el organismo estatal de planificación
del país publicó un plan de acción de cooperación en IA de ocho puntos, que
abarca el flujo transfronterizo de datos, el acceso a la computación para los países en desarrollo, la colaboración de código abierto
y la seguridad de la IA.
Un día antes
del evento, China lanzó en Shanghai la Organización Mundial de Cooperación en
Inteligencia Artificial (WAICO),
integrada por 29 países miembros. La agencia estatal de noticias Xinhua describió a WAICO como una
organización intergubernamental independiente, comprometida con la promoción de
la cooperación internacional y la gobernanza global en IA bajo los principios
de la Carta de las Naciones
Unidas. Entre sus miembros se encuentran países
de África, Asia Central y Sudoriental,
Oriente Medio, América Latina y Europa del Este, como Indonesia, Malasia,
Pakistán, Kazajistán, Kenia, Sudáfrica, Brasil y Rusia.
Una vez más, es
una lista con participantes esencialmente del
Sur Global, que no esperan ser un mero receptor pasivo de los estándares tecnológicos dictados por Estados
Unidos y la Unión Europea.
Según especialistas, esto puede reflejar una “creciente bifurcación” del
panorama de la IA, pero con un atractivo más económico que ideológico.
Actualmente, los productos e infraestructuras de IA chinos son al menos
cuatro o cinco
veces más baratos
que sus homólogos estadounidenses. Esto convierte
la diversificación de proveedores en un lujo que muchas
economías en desarrollo no pueden permitirse.
Sin embargo,
los observadores advirtieron que China se enfrenta a una serie de desafíos
para llevar
esa visión a la
práctica, desde las dudas sobre la durabilidad de su enfoque de código abierto
hasta garantizar que su impulso no cree nuevas formas de dependencia. La propia
WAICO corre el riesgo de no cumplir con su retórica, a menos que su diseño, desde
la secretaría y la financiación hasta la membresía, otorgue a las naciones no
alineadas una voz decisiva.
El enfoque
de código abierto
es un pilar fundamental de la oferta
de IA de China. Descargar un modelo de código
abierto es gratuito; implementarlo es otra historia. Muchos países carecen de
la capacidad de procesamiento, los ingenieros y la infraestructura de datos necesarios para poner en marcha dichos modelos, lo que podría hacer que
la apertura se quede solo en el papel, se ha señalado desde la Universidad de Hong Kong.
Asimismo, aseguran que un orden de IA verdaderamente justo,
requiere la garantía de que
"abierto" significa permanente. Para que el Sur Global no construya
su futuro digital sobre arenas movedizas.
Finalmente, la proposición china
sobre no caer en “nueva
injusticia histórica”, no se limita
a la IA como tecnología,
sino que también gira en torno a quién establecerá los estándares globales que
definirán su futuro. La IA debe ser tratada como un bien público, haciéndose
eco de la idea de Xi Jinping de que
ningún país debería monopolizarla.
El mensaje
general tuvo un doble propósito: presentar a China como defensora y garante de
la gobernanza global de IA inclusivo, al tiempo que indicaba que Pekín no tiene
intención de quedarse atrás en otra importante transición tecnológica.











