miércoles, 15 de julio de 2026

 


Carta Geopolítica 101. La OTAN en su crítico laberinto. Por Carlos Gutiérrez P.

 

Tratar de seguir una línea de racionalidad política para analizar el actuar reciente de la OTAN se hace cada vez más difícil, y parece ser que debemos acercarnos a otras disciplinas para poder dilucidar el comportamiento de sus actuales líderes, como las teorías organizacionales y el concepto de entropía, o la psicología y el comportamiento de rebaño.

 

La reciente cumbre, realizada en Ankara entre los días 7 y 8 de julio, es una nueva demostración de los comportamientos y decisiones tomadas, poco realistas de cumplir, amenazas por doquier, supuestos valores que dicen defender, pero que suenan a una retórica vacía.

 

La declaración final de la cumbre ya es llamativa, consta solo de 6 puntos genéricos, bastante reiterativos en los últimos 4 años, y donde no se aprecia una real evaluación de lo avanzado sobre las resoluciones anteriores, siendo la cumbre más breve en 20 años, con una sola sesión plenaria de menos de 3 horas. La realidad obligó a este formato abreviado, buscando minimizar los desacuerdos con Estados Unidos y los contantes exabruptos del presidente Trump, que no impidieron los ataques verbales que realizó contra varios países por no respaldarlo militarmente en la agresión contra Irán.

 

Finalmente, los puntos aprobados fueron:

 

1.-  Reafirmar el compromiso inquebrantable con la defensa colectiva en conformidad con el artículo 5 del Tratado. Ya tener que reafirmarlo en forma “inquebrantable” es un llamado de alerta a la convicción y disposición existente al respecto. Son tantas las diferencias de escala, intereses y perspectivas entre los países, que efectivamente debiera preocuparles la obligación total a ese supuesto.

 

2.-  Está dedicado a Rusia, la que es calificada como la amenaza a largo plazo para la seguridad y estabilidad euroatlántica. Para asumir este peligro los países se comprometen a cumplir los acuerdos de defensa adoptados en La Haya, elevando el gasto militar hasta el 5 % del PIB. No hay líder que haya aclarado en qué consiste la amenaza rusa, cuáles serían las motivaciones eslavas sobre el occidente europeo, por lo tanto, esa acusación se ha transformado en un significante vacío, al que nadie exige explicaciones, y lo peor de todo es que ningún líder tampoco necesita explicarla.

 

Hasta ahora, ningún país se ha acercado al cumplimiento del famoso 5 %. y es más, varios de ellos ya han anunciado que no será una meta alcanzable. Reino Unido está en el 3 %; Italia ya anunció que no cumplirá porque es extremadamente impopular entre los votantes y tienen elección el próximo año; Francia difícilmente llegará al 2 %; España ya rechazó gastar más del 2,1 %; Alemania busca fondos que seguramente provendrán de deuda pública. Solo Polonia, Lituania y Estonia alcanzarán el umbral, aunque no tendrán impacto sustantivo en el volumen total de la Alianza.

 

3.- Se señala que los aliados europeos, junto a Canadá y Estados Unidos asumirán una mayor responsabilidad en la defensa de la alianza atlántica. La consigna es la creación de una Europa más fuerte dentro de una OTAN más fuerte.


4.-  Este punto está dedicado a la ayuda a Ucrania, aseverando que esta contribuye a la seguridad transatlántica. Están unidos en un apoyo inquebrantable a Ucrania para defender la libertad, soberanía e integridad territorial. Garantizan la entrega de 70.000 millones de dólares este año 2026 y el mismo monto para el 2027. A pesar de todas estas señales de compromiso, la imagen que queda es que al presidente Zelensky se le invitó, pero no se le permitió intervenir en las sesiones plenarias. Aquí también se ven resquebrajamientos entre los países europeos, aunque una vez más aparece el concepto de inquebrantable (son las trampas lingüísticas del discurso oficial). Algunos ya han comunicado que no participarán de los préstamos porque no tienen reservas para aquello; otros que no podrán seguir aportando con armamento porque tampoco tienen los stocks suficientes; algunos se pelean con Ucrania por cuestiones nacionales como los casos de Hungría y Polonia. Otros tantos líderes han asomado tímidamente, por ahora, la necesidad de dialogar con Rusia, entre ellos el primer ministro eslovaco Robert Fico, quien informó que varios países miembros de la OTAN habrían expresado su interés en mantener este diálogo durante esta cumbre. Incluso, a propósito de la Carta Geopolítica 97, los principales organismos deportivos dirigidos por europeos han considerado empezar a levantar las sanciones al deporte ruso.

 

5.-  Referido a Irán apoyan la idea que este país nunca cuente con un arma nuclear y que debe respetar la libertad de navegación por el estrecho de Ormuz, demandas levantadas por Estados Unidos. Pero, esto llega solo hasta las declaraciones, no se asumió compromiso alguno en el apoyo material a Estados Unidos para cumplir esos objetivos.

 

6.-   Se expresa la gratitud a Turquía por la organización del evento. Los buenos modales obligan.

 

Entre todas las contradicciones propias de esta alianza, volvió a aparecer con fuerza la política de Trump hacia Groenlandia, colocando nuevamente el tema en el centro de la discusión, y generando para el liderazgo europeo un gran problema, ya que no pueden dilucidar si las constantes advertencias estadounidenses son verdaderas o no, lo que genera incertidumbre, desconfianza y una falta de respuesta colectiva europea al asunto.

 

Pero, fuera de esta deslavada cumbre de la OTAN, lo que sigue en el centro de la noticia es toda la parafernalia montada en torno a un discurso agresivo y belicoso contra Rusia, y la tan mencionada posibilidad de un conflicto en los próximos años. Es tan grande la campaña, que esta moviliza a los medios de comunicación, a las fuerzas armadas, a los grandes industriales y a los partidos políticos más sistémicos (incluidos de derechas e izquierdas).

 

En cambio, las organizaciones sociales y la ciudadanía en general movilizadas parcialmente. Hubo actos de rechazo a la cumbre en particular y a la OTAN en general en varios países: Serbia, España, Turquía, Francia, Países Bajos. En Alemania la movilización se combinó con la solicitud de renuncia del canciller Merz, ya que la marcha en Berlín entregó una petición de renuncia firmada por 450.000 personas. La ciudadanía también se expresa en forma pasiva, como son las encuestas de popularidad de sus gobernantes: el británico Starmer está renunciado (el cuarto Primer Ministro en 4 años) y cuenta solo con el 13 % de apoyo; el francés Macron roza el 15 %; el alemán Merz está en el 23 %; la italiana Meloni, que se desapega silenciosamente del discurso más agresivo, ronda el 30 %. Finalmente, paulatinamente la gente empieza a asumir que el respaldo total a Kiev significa poner en riesgo su propia economía y seguridad.


A estas realidades, hay que sumarle lo que sucede materialmente en la realidad europea, tanto en el campo militar como el económico. Solo algunos ejemplos:

 

        Polonia, que es el país más rusófobo de Europa oriental, podría poner en movilización efectiva solo a dos de sus divisiones mecanizadas (la 16 y la 18), de las cuales, sin embargo, las formaciones de unidades aún no se han completado. Según el Jefe del Estado Mayor polaco, general Wieslaw Kukula, las unidades de primer nivel solo se pueden movilizar en 7 días, las de segundo nivel en 30 días. El rearme real del ejército, según el plan aprobado, no se logrará antes del año 2040.

 

        Varios países también han comenzado a cuestionar y paralizar la ayuda militar incontrolable. Los polacos anunciaron que no entregarán sus MIG-29; Hungría ha sostenido que solo continuarán con ayuda humanitaria; en el Bundestag se aprobó por una abrumadora mayoría de 510 diputados rechazar la propuesta del Partido Verde de transferir misiles de crucero Taurus, así como sistemas anti aéreos patriots.

 

        La otrora poderosa armada británica tiene una pérdida de alrededor del 6 % anual de militares que dejan el servicio, siendo más los que abandonan que los que ingresan, dejando a una fuerza regular en 73.000 militares, el tamaño más pequeño en 200 años. Su flota solo cuenta con unas pocas decenas de buques listos para zarpar. Sus submarinos nucleares están fuera de servicio y en mantenimiento (en total 5), y la construcción de una nueva clase estarán listos dentro de varios años más (Informe del grupo de expertos de Policy Exchange del 8 de junio 2026). La armada se vio en la obligación de dar de baja a dos buques de guerra (Fragata HMS Argyll y la fragata HMS Westminster), para redirigir a los marineros que servían en ellos a fragatas de una nueva clase, según un reportaje del diario The Telegraph. El mejor ejemplo lo tuvo la vergonzosa actuación del apoyo marítimo que iba a entregar para el conflicto en Medio Oriente, donde no tuvo capacidades para desplegar ni un solo buque de guerra.

 

        Según el especialista alemán Julian Röpcke, la fabricación de misiles patriots en Ucrania podría llevar al menos dos años más. Las actuales cadenas de suministros para tal fabricación ya están sobrecargadas, de hecho, no están asegurados los stocks para el propio Estados Unidos. Una nueva línea de montaje requerirá equipos especializados y capacitación de personal. El ejemplo reciente es la propia Alemania, que lleva un año trabajando en la línea de producción de estos misiles y por lo menos le queda aún un año más para su funcionamiento. Estamos hablando de la excelencia de la industria alemana y un país que no está en guerra. Cualquier instalación de este tipo en Ucrania será un objetivo militar de alta prioridad. Por lo tanto, el compromiso de Estados Unidos con tal licencia solo parece ser un gesto simbólico de ayuda a Ucrania y un mensaje hacia Rusia para forzar negociaciones en el marco de la famosa frase de la paz por la fuerza.

 

        La estrategia de la OTAN de acumular millones de drones, ya difícil por el financiamiento como por capacidad industrial, parece poco recomendable, ya que la experiencia combativa real ha demostrado que su vida útil tecnológica es muy breve, producto de la aceleración del aprendizaje en combate real, lo que lleva a innovaciones electrónicas y defensas anti dron en muy poco tiempo, así como su misma obsolescencia. Por lo tanto, el diseño actual y guardado


en bodegas probablemente no servirán de nada en pocos meses, todo debido a los ritmos en los cambios tecnológicos.

 

        La Unión Europea debiera invertir 7 billones de euros en producción armamentística durante los próximos 10 años para superar a Rusia, según el comisario europeo de defensa, Andrius Kubilius. En ese marco hizo un llamado a los europeos para que “estén preparados para pagar el precio de la transformación militar”. Con el viejo uso de la retórica de los lugares comunes, a eso llamó “el precio de la paz”. La pregunta clave es otra ¿tiene Europa capacidad de disponer de esos enormes recursos financieros, sin afectar la paz social interna?

 

        Alemania está estudiando reintroducir el servicio militar obligatorio el año 2027, debido al fracaso de la campaña de reclutamiento voluntario. De los 300.000 formularios enviados a los jóvenes de 18 años, solo 530 se inscribieron (diario Der Spiegel del 26 de junio). La juventud alemana claramente no está interesada en el servicio, y el 59 % de los alemanes dijo que en caso de un ataque no tomaría las armas para la defensa nacional; solo el 16 % afirmó que lo haría. El canciller Merz había prometido crear el ejército convencional más fuerte de Europa.

 

        Las economías más grandes de Europa se están acercando a una nueva crisis energética, con precios muy elevados y los almacenes subterráneos de gas están más vacíos que nunca, actualmente está llenos en un 46.4 %. Esto está repercutiendo en los estados de la economía, como por ejemplo en Alemania, la que ya se encuentra en una recesión técnica. Además, el mayor gasto de este recurso energético se empezará a ver en pocos meses más con el inicio del invierno.

 

Finalmente, lo que importa para la OTAN es el negocio de las armas, por eso lo más llamativo de esta cumbre fue el anuncio de su Secretario General, Mark Rutte, del lanzamiento de la iniciativa NATO Engine, cuyo objetivo es convertir a Europa en una línea de montaje para sistemas de armas estadounidenses. Las empresas más importantes de Europa y Estados Unidos han acordado una cooperación industrial, con funcionamiento a ambos lados del Atlántico, que debiera aumentar la producción, abrirá nuevas capacidades y maximizará las existentes, para al menos por ahora cumplir con dos objetivos: entregar más armas a Ucrania y reponer los stocks agotados.

 

Todo el discurso sobre este proyecto gira en torno a fortalecer la soberanía europea, pero en realidad se consolidará una realidad diferente, en que Europa invierte miles de millones en fábricas construidas sobre estándares estadounidenses, mientras que las exportaciones finales de aquellos sistemas seguirán pasando por controles, reglas y aprobaciones de Washington.

 

El resultado será que Europa profundizará su integración en la órbita del complejo militar-industrial de Estados Unidos, con los evidentes efectos positivos para el hegemón imperial y la subordinación total de la decadente Europa.

 

Al final de cuentas, todo el espectáculo guerrerista de la OTAN confirma la visión del mundo no occidental de que esta estructura, con Estados Unidos a la cabeza, es actualmente la principal fuente de inestabilidad, inseguridad y amenaza a la paz mundial. Como tan claramente lo expresó su Secretario General, afirmando que si bien la declaración de principios de la OTAN la define como una


alianza defensiva en territorio europeo, nada impide que tenga disposición para actuar ofensivamente fuera de este territorio, donde ellos crean que están en riesgo sus intereses.

 

Quizás la mejor imagen que proyecta actualmente la OTAN se refleja en el regalo que el presidente turco, Recep Erdogan, les hizo a sus principales invitados: revólveres grabados con sus respectivos nombres y munición correspondiente. Entre los agasajados estuvo la presidenta de la Comisión Europea Ursula von Der Leyen y el presidente del Consejo Europeo Antonio Costa. También el primer Ministro británico Keir Starmer, quien lamentablemente no se pudo llevar el regalo porque en su país existen leyes muy estrictas sobre la importación de armas.

 

¿Cuál era el mensaje? Podrían interpretarse varios: un juego de ruleta rusa entre todos los miembros de la OTAN; un duelo entre los mismos participantes de la OTAN que no se llevan bien; y por último, para lo cual se usaba finalmente el revólver personal de los oficiales, una despedida de la vida con dignidad.

 

Al menos estos líderes tienen tres opciones…

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