FUERA BURGOS

Padre de Rodrigo Avilés acusa que el Ministerio del Interior ha ocultado información.

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lunes, 11 de enero de 2016

SOCIALISMO COMUNITARIO, un horizonte de época. Por Álvaro García Linera


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(LA PAZ).- El Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, se refirió al “Socialismo comunitario del vivir bien” en su discurso emitido en el acto de posesión como autoridad estatal, en el periodo presidencial 2015-2020.
“Los bolivianos y la mayor parte de América Latina estamos viviendo una década extraordinaria de luchas y grandes conquistas populares.
La movilización de identidades populares, indígenas, campesinas, obreras y juveniles han cambiado y están cambiando las estructuras políticas y económicas dando lugar a la mayor concentración de gobiernos progresistas y revolucionarios de nuestra historia.
América Latina se ha puesto a la vanguardia mundial de la construcción de sociedades posneoliberales. Mientras que en el resto del mundo, el neoliberalismo aun sigue destruyendo sociedades y economías populares, en Latinoamérica ya no es más que un triste recuerdo arqueológico Hemos nacionalizado recursos naturales devolviendo a los Estados del continente la base material de la soberanía extraviada; hemos distribuido la riqueza entre los más necesitados, creando Estados sociales protectores y equitativos; hemos dinamizado y diversificado la economía, apuntalando la creatividad de los productores; millones de jóvenes han accedido a la educación escolar y universitaria y otros tantos al empleo, renaciendo en sus espíritus la esperanza de unas patrias dignas.
El continente está rompiendo tutelajes y padrinazgos obscenos y ha retomado su capacidad de decidir su propio destino.
Las naciones indígenas oprimidas por siglos, los movimientos sociales explotados por décadas no solo han retomado el protagonismo histórico sino que, como en Bolivia, se han vuelto poder de Estado y hoy conducen el país. Se ha avanzado en diez años más que en los 200 años anteriores. Pero no basta.
El despertar revolucionario de los pueblos ha abierto un horizonte de posibilidades mucho más profundo, mucho más democrático, mucho más comunitario, es decir socialista, al que no podemos renunciar, sino es a riesgo de una restauración conservadora en la que ni siquiera la memoria de los muertos estará a salvo.
SOCIALISMO no es una etiqueta partidaria, pues, muchas veces, eso solo ha servido para camuflar la aplicación de la barbarie neoliberal.
Socialismo tampoco es un decreto, porque eso sería reducir la acción colectiva del pueblo a una decisión administrativa de funcionarios públicos.
Socialismo tampoco es estatizar los medios de producción. Eso ayuda mucho a redistribuir riqueza, pero la estatización no es una forma de propiedad comunitaria ni una forma de producción comunitaria de la riqueza.
El capitalismo es una civilización que ha subordinado todos los aspectos de la vida a una maquinaria de acumulación de ganancias. Desde el comercio, la producción, la ciencia y la tecnología, la educación, la política, el ocio, la naturaleza misma, todo, absolutamente todo ha sido pervertido para ser sometido a la dictadura del lucro.
Y para ello, paradójicamente, el capitalismo se ha visto obligado a despertar de manera mutilada, parcial, a fuerzas comunitarias, como la interdependencia entre los seres humanos, como el mercado mundial, como la ciencia y las tecnologías o internet, pero para someterlas al servicio de la ganancia monetaria ilimitada de pocos.
Y es por ello que lo que algún día tendrá que sustituir al capitalismo como sociedad, necesariamente tendrá que ser otra civilización que libere e irradie a escala mundial todas esas fuerzas y poderes comunitarios hoy existentes, pero sometidas al lucro privado.
Marx llamaba a esto la Comunidad Universal; otros le llaman el ayllu planetario; otros el vivir bien. No importa el nombre, sino el contenido de comunitarización universal y total de todas las relaciones humanas y de los humanos con la naturaleza.
Pero, para que esta nueva civilización comunal triunfe se requiere un largo y complicado proceso de transición; un puente. Y a ese puente es que llamamos Socialismo.
El Socialismo es el campo de batalla dentro de cada territorio nacional entre una civilización dominante, el capitalismo aún vigente, aún dominante, pero decadente, enfrentado contra la nueva civilización comunitaria emergente desde los intersticios, desde las grietas y contradicciones del propio capitalismo.
Comunitarismo, inicialmente minoritario, como gotas en el desierto; luego como diminutos hilos de agua que a veces se secan, se interrumpen abruptamente, y luego renacen, y a la larga suman y se vuelven riachuelo; luego, río; luego, lago; luego, mar.
El socialismo no es una nueva civilización, no es una economía o una nueva sociedad. Es el campo de batalla entre lo nuevo y lo viejo, entre el capitalismo dominante y el comunitarismo insurgente. Es la vieja economía capitalista aún mayoritaria, gradualmente, asediada por la nueva economía comunitaria naciente. Es la lucha entre el viejo Estado que monopoliza decisiones en la burocracia y un nuevo Estado que cada vez democratiza más decisiones en comunidades, en movimientos sociales, en la sociedad civil.
Socialismo es desborde democrático, es socialización de decisiones en manos de la sociedad auto organizada en movimientos sociales.
Socialismo es la superación de la democracia fósil en la que los gobernados solo eligen gobernantes, pero no participan en las decisiones sobre los asuntos públicos.
Socialismo es democracia representativa en el parlamento más democracia comunitaria en las comunidades agrarias y urbanas más democracia directa en las calles y fábricas. Todo a la vez, y todo ello en medio de un gobierno revolucionario, un Estado de los Movimientos Sociales, de las clases humildes y menesterosas.
Socialismo es que la democracia en todas sus formas envuelva y atraviese todas las actividades cotidianas de todas las personas de un país; desde la cultura hasta la política; desde la economía hasta la educación.
Y, por supuesto, Socialismo es la lucha nacional e internacional por la ampliación de los bienes comunes y de la gestión comunitaria de esos bienes comunes, como son el agua, la salud, la educación, la ciencia, la tecnología, el medio ambiente….
En el Socialismo coexisten muchas formas de propiedad y de gestión de la riqueza: está la propiedad privada y la estatal; está la propiedad comunitaria y la cooperativa. Pero hay solo una propiedad y una forma de administración de la riqueza que tiene la llave del futuro: la comunitaria, que solo surge y se expande en base a la acción voluntaria de los trabajadores, al ejemplo y experiencia voluntaria de la sociedad.
La propiedad y gestión comunitaria no puede ser implantada por el Estado. Lo comunitario es la antítesis de todo Estado. Lo que un Estado revolucionario, socialista, puede hacer es ayudar a que lo comunitario que brota por acción propia de la sociedad, se expanda, se fortalezca, pueda superar obstáculos más rápidamente. Pero la comunitarizacion de la economía solo puede ser una creación heroica de los propios productores que deciden exitosamente asumir el control de su trabajo a escalas expansivas.
Socialismo es, entonces, un largo proceso de transición en el que Estado revolucionario y Movimientos Sociales se fusionan para que día a día se democraticen nuevas decisiones; para que día a día más actividades económicas entren a la lógica comunitaria en vez de la lógica del lucro.
Y como esta revolución la hacemos desde los andes, desde la Amazonía, desde los valles, los llanos y el chaco, que son regiones marcadas por una historia de antiguas civilizaciones comunitarias locales; entonces, nuestro socialismo es comunitario por su porvenir, pero también es comunitario por su raíz, por su ancestro. Porque venimos de lo comunitario ancestral de los pueblos indígenas, y porque lo comunitario está latente en los grandes logros de la ciencia y la economía moderna, el futuro será, necesariamente, un tipo de socialismo comunitario nacional, continental y, a la larga, planetario.
Pero, a la vez, el Socialismo para el nuevo milenio que se alimenta de nuestra raíz ancestral, incorpora los conocimientos y las prácticas indígenas de diálogo y convivencialidad con la Madre Tierra.
El rescate del intercambio metabólico vivificante entre ser humano y naturaleza practicado por las primeras naciones del mundo, por los pueblos indígenas, es la filosofía del Vivir Bien; y está claro que no solo es la manera de enraizar el futuro en raíces propias; sino que, además, es la única solución real a la catástrofe ambiental que amenaza la vida entera en el planeta.
Por eso, el Socialismo del Nuevo Milenio solo puede ser democrático, comunitario y del vivir bien.
Este es el HORIZONTE de ÉPOCA de la sociedad mundial. Y es este socialismo democrático comunitario del vivir bien la única esperanza real para una regeneración de los pueblos y de la propia naturaleza.
Los revolucionarios no hemos venido para administrar de mejor forma o más humanitariamente el capitalismo. Estamos aquí, hemos luchado y seguiremos luchando para construir la Gran Comunidad Universal de los pueblos”.

viernes, 8 de enero de 2016

URGENTE: Fuerzas Armadas Bolivarianas se pronuncian por ultrajes a Bolívar, Chávez y Maduro.


El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López instó a los venezolanos a defender la memoria histórica del país ante quienes quieran irrespetarla y leyó un comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) que rechaza la “indignante orden dictada por el presidente del Parlamento”. “¡La historia de Bolívar es la historia de Venezuela, y la historia de Venezuela es la historia de América!”, de igual forma sostuvo que esta acción demuestra que quieren atropellar la memoria histórica y “lo que tiene el pueblo venezolano en su gentilicio es precisamente su historia”. 


Condiciones de trabajo en Chile son como la esclavitud del siglo XIX. Por Robert Hunziker


El mundo desarrollado parece estar locamente enamorado del “milagro chileno”, tal como expresara Milton Friedman unos años atrás. Sus logros están expuestos en todas partes, incluyendo el apoyo del Banco Mundial por tener la “economía de ingresos más altos”. Además el país tiene el bono soberano más fuerte de Sudamérica. Sí, Chile es todo un modelo ejemplar de neoliberalismo.

Para quienes no estén familiarizados, el neoliberalismo es la doctrina del economista Milton Friedman de que el mejor gobierno es el más reducido. Después de todo, la gente puede cuidar de sí misma y se gana mucho más dinero cuando se tiene la posibilidad de tomar decisiones en un mercado libre de regulaciones. La fórmula operativa es: entre menos gobierno exista, más dinero recaerá en el sector privado. Como tal, Chile representa el epítome del neoliberalismo, y nos muestra la probable dirección que tomará Estados Unidos.

El “milagro chileno” es absolutamente cierto si ya eres rico.

Sin embargo una vez que se baja la cortina, las complejidades de Chile desafían las fanfarrias triunfales de esta diosa neoliberal del capitalismo.

Chile tiene una “economía de plantaciones“, similar en muchos aspectos a la economía de plantaciones que tuvo el sur de los Estados Unidos durante el siglo XIX. Durante su cénit, habían 4 a 5 millones de esclavos que eran propiedad del 3.8% de los ciudadanos. Los propietarios de los esclavos los compraban, les daban un techo y los alimentaban.

Hoy en Chile el término “esclavo” se cambió por el término “trabajador”, donde en vez de darles alojamiento y alimentación -como hacían los propietarios de esclavos del siglo XIX- se les entrega un estipendio de 300 mil pesos mensuales para que se lo provean ellos mismos. De paso, los propietarios se evitan el estigma de la esclavitud.
Se estima que la mitad de los chilenos recibe menos de 300 mil pesos al mes, lo que crea un mercado de esclavos incluso más grande que el de Estados Unidos en 1850.

La riqueza en Chile está tan concentrada en favor de unos pocos que se asemeja a la torre inclinada de Pisa, presta a caer en cualquier momento. Los conglomerados y/o las familias extremadamente ricas lo controlan todo, desde las farmacias hasta los hoteles, pasando por los derechos de pesca, las tiendas de retail, las mineras y los supermercados. Es un estado-nación de concentración de la propiedad. El país es como una fotografía de la dirección hacia donde va Estados Unidos, como estado netamente corporativo. Después de todo la clase media ya está bajo ataque.

La brutal realidad del milagro chileno.

De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “Chile es el país de la OCDE con la mayor brecha entre ricos y pobres”, así como el 4º país más pobre de sus 34 miembros.

“La inequidad en Chile es una de las más altas del mundo (su coeficiente Gini es de 52.1) y los aspectos de bienestar que no deberían estar ligados al ingreso, como la salud y la educación, también están inclinadas en favor de los ricos”, señala Tamar Manuelyan Atinc en “¿Puede la reforma educacional resolver la desigualdad y frustración de la clase media? El experimento chileno”, publicado en mayo de 2014.

La administración de Pinochet (1973-90) puso los cimientos para el trabajo esclavo al adoptar el neoliberalismo de Milton Friedman. Pinochet abolió los sindicatos. El primer curso de acción de los “Chicago Boys” tras Allende, el derrocado presidente que resultó muerto (supuestamente se suicidó en el palacio presidencial), fue hundir la economía manipulando las herramientas financieras, facilitando el reducir los derechos de los trabajadores. Los trabajadores siempre son más vulnerables durante las recesiones.

De acuerdo a Bárbara Figueroa, presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), los trabajadores han esperado por más de 30 años por reformas laborales que compensen las realizadas por la dictadura de derecha del general Augusto Pinochet, quien implementó reformas neoliberales que diezmaron las regulaciones y derechos de los trabajadores.

En tanto Gonzalo Durán, economista e investigador en la Fundación Sol, una ONG que se centra en problemas laborales, asegura que “90% de los chilenos gana menos de 650.000 pesos al mes. Es decir, 9 de cada 10 trabajadores en Chile ganan menos que el salario mínimo promedio de los países desarrollados”.

Sí, 9 de cada 10 trabajadores -a quienes también podríamos denominar esclavos- ganan menos que el salario mínimo promedio de los países desarrollados. Esto deja a sólo 1 de cada 10 trabajadores fuera del riesgo de pisar una cáscara de plátano y caer en el pozo de la pobreza.

Como explica Emmanuelle Barozet, socióloga de la Universidad de Chile, “el ingreso de la clase media chilena es muy bajo. Esto acarrea como resultado que la distancia entre las clases más bajas y la clase media sea muy escasa. Esta precaria situación económica los hace susceptibles al descenso social debido al desempleo, enfermedad o pobreza en la vejez”.

La clase media está definida como todos aquellos que ganan más de 300.000 pesos en Chile.

Aún así, todos los indicadores neoliberales en el mundo, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), destacan cuán rápido ha crecido el producto interno bruto e ingresos per cápita en Chile, llegando a los 8.5 millones de pesos. Sin embargo al inspeccionar en detalle, se desprende que si retiramos entre el 1% y 10% más rico, entonces el ingreso promedio per cápita se reduce a 2.4 millones. Esta cifra coincide con los 230 mil pesos mensuales de salario mínimo. ¡Intenta mantener una familia con 230 mil pesos al mes!

21% de los chilenos viven en la pobreza. López, Figueroa y Gutiérrez analizaron la distribución del ingreso de Chile en 2013 usando los datos que posee el Servicio de Impuestos Internos. “Existe evidencia de que los indicadores que miden la inequidad, todos basados en información tributaria, subestiman la real concentración del ingreso”, destacan.

“El estudio de López, Figueroa y Gutiérrez confirma el análisis de que la información sobre la distribución del ingreso en Chile está profundamente afectada por la falta de información sobre los ‘súper ricos’ en la encuesta Casen. Los autores concluyen que los ingresos del 1% más rico del país es fuertemente subestimada utilizando la Casen”, señala Sarah Gammage, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dependiente de las Naciones Unidas.

“La evidencia presentada aquí resalta que la inequidad en el ingreso se ha disparado en las décadas de 1990 y 2000, con sólo un 22% de los trabajadores teniendo lo que podría describirse como un trabajo bien remunerado”.

Sólo 22% de los chilenos tienen un trabajo bien remunerado. Esto nos deja con un 78% de la población con trabajos mal remunerados, que es donde la esclavitud comienza y termina. Sí, 78%.

Como resultado, es extraño que Chile esté tan bien considerado por los organismos mundiales, pero por otro lado, ¿quién está proveyendo estas cifras? ¿Cuánta fiabilidad tienen los números que se están entregando al mundo?

Los estudiantes chilenos: catalizadores del cambio

“40 años después del golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet, Chile sigue siendo una nación herida y dividida, donde el pasado aún vive en el presente”, afirmaba en 2013 el Centro Pulitzer para el Reporte de Crisis.

Los estudiantes chilenos han salido a las calles para protestar en contra de un sistema educacional privatizado que los ha dejado fuera del mercado educativo. Más aún, sus acciones son síntomas de problemas mucho más profundos, como la severa inequidad o la falta de oportunidades para acceder a una mejor condición social, hundidos entre las cuadras y cuadras de casas para los pobres, en suburbios escondidos de las brillantes calles de Santiago.

“De acuerdo a la ONG Un Techo para Chile, los campamentos se localizan en áreas por lo general ocupadas irregularmente, donde la urbanización es limitada o inexistente. El acceso a servicios básicos como agua potable o alcantarillado está severamente limitado. El acceso a un sistema de salud y educación de calidad no está disponible”, enunciaba The Santiago Times en 2009.

Según explica el presidente de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica, Noam Titelman, el combustible que impulsó el movimiento estudiantil fue la acumulación de “injusticia, inequidad y desesperanza”.

Cuando una sociedad le falla a su gente, la desesperanza sale a las calles.

El neoliberalismo es una teoría económica que funciona extremadamente bien si ya eres rico. Para el resto de la sociedad, el tema aún está por verse. Sin embargo si Chile es el mejor ejemplo de cómo funciona el neoliberalismo, los resultados están a la vista.
Robert McChesney, editor de Monthly Review, asegura que el neoliberalismo “es el capitalismo sin guantes”.

Pero incluso más agudo, el autor neoyorkino y crítico social Fran Lebowitz dijo esto sobre el neoliberalismo: “En la Unión Soviética, el capitalismo triunfó sobre el comunismo. En Estados Unidos, el capitalismo triunfó sobre la democracia”.

Robert Hunziker
Periodista económico y medioambiental

Fuente: BioBioChile 


Chile entre la verdadera democracia o la democracia de la transición. Por Francisco Sainz, Izquierda Libertaria

La lucha por el Socialismo es constante acción creadora de las clases populares en respuesta a las imposiciones de las clases dominantes; por lo tanto, la experiencia política y concreta de los procesos de avanzada hoy nos enseña que también debemos crear una democracia profunda y participativa que vaya más allá de los estrechos márgenes de la representación liberal. Que en la mayoría de los países del mundo hoy existan sistemas democráticos (liberales) no se debe a la benevolencia de los dueños de las riquezas, muy por el contrario, son resultado de conflictos sociales de diverso tipo o modernizaciones institucionales de quienes ostentan y buscan mantenerse en el poder. Sin lugar a dudas aquella democracia no es a la que aspiramos, sino más bien -e irrebatiblemente- buscamos su superación.
El horizonte de las y los revolucionarios no ha cambiado, sin embargo, esto no significa que no podamos ser críticos con la experiencia histórica y teórica sobre el tema. En este sentido, el constante debate y práctica acerca de la forma que debe adoptar el Socialismo es algo necesario justamente para que siga existiendo como horizonte. De no ser así, tras la derrota de diversos procesos de izquierda en el mundo, jamás se habría hecho una revisión crítica de las experiencias de los “socialismos reales” del siglo pasado, y por consiguiente no habría existido posibilidad de abrir nuevas esperanzas que le den sentido a las luchas actuales. Es el estudio de estos procesos –pasados y actuales- el que permite entender que el Socialismo debe ser profundamente democrático, feminista y ecologista para oponerse a la barbarie capitalista. De lo contrario, jamás podrá ser “horizonte de época” para las mayorías explotadas y oprimidas; como nos enseña la Bolivia de Evo Morales y Álvaro García Linera.
La democracia tiene un lugar central para los diversos proyectos emancipatorios porque no es sólo una forma de votación o participación individual, es proceso de profunda y creativa participación colectiva. Por lo tanto la democracia juega un rol estratégico para la acción política de las izquierdas de hoy, es una apertura de posibilidades de disputa tanto dentro como fuera de los márgenes de la institucionalidad impuesta. Esto significa combatir en todos los espacios a las fuerzas que dirigen y orientan las sociedades hoy en día, teniendo claridad del escenario en el que se desenvuelve la lucha de clases y una estrategia para superar las contradicciones existentes, saber de qué forma sumar fuerzas para los intereses de las clases populares y su organización.
Por lo tanto, el debate no pasa por las vías o tácticas a ocupar de forma abstracta o a rechazar a priori; pasa por elegir y poner en práctica las mejores herramientas que permitan empujar desde diversos lugares la misma estrategia. Significa saber resolver las tensiones del momento sin dogmatismos, entendiendo la disputa de las instituciones burguesas y la movilización de masas no como contradictorias sino que posibilidades para el avance del pueblo (eso es lo importante).La utilización de espacios dentro de la institucionalidad puede permitir un mejor desarrollo de la movilización y participación popular, o viceversa. Es decir, las herramientas tácticas se relacionan dialécticamente entre sí, tal como se relacionan las herramientas políticas con las masas.
En Chile -a partir de nuestra experiencia histórica más reciente- concluimos que la posibilidad de superar el neoliberalismo pasa por la articulación de diversas franjas populares en un mismo movimiento y con un programa de ruptura con el orden impuesto, el cual permita una apertura democrática que le signifique a las clases populares su constitución y protagonismo en la construcción del país. Aquel movimiento debe ser el que impulse las diversas luchas por la conquista de derechos sociales y el desmantelamiento de la institucionalidad neoliberal a través de diversos métodos, con amplitud y creatividad táctica. A esta estrategia la hemos denominado Ruptura Democrática.
En definitiva, de lo que se trata es de leer la realidad y tener la mayor apertura y creatividad para conseguir los objetivos, generando alianzas necesarias y constituir la correlación de fuerzas favorable para nuestro proyecto. Por sobre todo se trata de organizar al pueblo, ya que sin él, ni las armas, ni los votos, ni la creatividad serán suficientes para vencer. Uno de los aprendizajes más importantes del Siglo XX fue que la organización y participación popular son los protagonistas y condición necesaria para la construcción de un mundo basado en la libertad y soberanía social sobre nuestras vidas y recursos: el Socialismo.
Es por eso que se debe tener en cuenta que la democracia es inseparable del Socialismo, y por ende de la organización del pueblo. Mientras las clases dominantes hablan de democracia pero la reducen al simple hecho de votar por sus representantes o temas puntuales, las y los socialistas entendemos que es mucho más que eso, y por lo tanto debemos superar aquella concepción de forma creativa. Como dijo Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara en 1972, “La revolución pasa por las grandes masas, la revolución la hacen los pueblos, la revolución la hacen esencialmente los trabajadores”; y por lo tanto serán las grandes mayorías las que protagonicen y construyan su propio futuro, ahí radica la diferencia con la democracia de las clases dominantes.
La lucha de clases no se acabó, por lo que nuestra lucha por la superación del Capitalismo y la construcción de una sociedad socialista sigue tan vigente hoy como ayer. No obstante, con el tiempo hemos aprendido que para avanzar en aquella dirección es necesario construir organización popular profundamente democrática que lidere los procesos de movilización, que sea capaz de disputar la centralidad política con claridad estratégica y amplitud táctica. En síntesis, no se trata de vías, se trata de la conformación de hegemonía que permita vencer al enemigo, el mismo que nos niega e invisibiliza, con la finalidad de crear nuevas formas profundamente democráticas que permitan construir, sostener y profundizar el proyecto Socialista.
 Francisco Sainz López / Izquierda Libertaria – Chile



ADVERTENCIA: Ley SEP: Si sus hijos eran “prioritarios”, tal vez este año ya no. Por Moisés Bravo

Una ingrata sorpresa se han llevado decenas de apoderados cuyos estudiantes por su calificación de “prioritarios” fueron, durante varios años, beneficiarios de la ley de Subvención Escolar Preferencial (SEP) que los eximía de cualquier pago para la Educación Básica o Media. Desde este año, al buscar el certificado que les permite renovar el beneficio anual, se han encontrado con que sus hijos ya no lo tienen, por lo tanto, si están en un colegio particular subvencionado, deberán pagar el arancel que éste  haya fijado y que en promedio bordea los $50.000 mensuales, aunque la ley permite un máximo de casi $100.000 al mes.
El problema se presenta por la dificultad que implica el traslado abrupto de cualquier niña o niño a otro establecimiento con distintas  reglas, profesores,  compañeros, además de traslados y lo complejo que resulta, a esta altura del año, encontrar cupos en lugares cercanos a sus domicilios.
Este es el primer conflicto que evidencia la entrada en vigencia del  nuevo    Registro Social de Hogares, que  reemplazó  a la Ficha de Protección Social desde el 01 de enero  de este año (la ficha CAS  ya no existe y tampoco puede pedir que lo encuesten, todo el proceso es automático)
Para saber si su hija o hijo clasifica como “prioritario” este 2016, revise acá:


Por Moisés Bravo, especial para SICNoticias-

miércoles, 6 de enero de 2016

Funcionarios del Congreso señalan como inaceptable despido de dirigente sindical


COMUNICADO DE PRENSA ASOCIACION DE TRABAJADORES DE PARLAMENTARIOS DE CHILE AFUTRAPARCH

La Asociación de Funcionarios Parlamentarios de Chile –AFUTRAPARCH- manifiesta públicamente su solidaridad con la Asociación de Funcionarios Parlamentarios –AFUNPAR- ante el despido de la Tesorera de esa organización, Lissette Araya, acto que consideramos arbitrario, se trata de una situación, inaceptable,  que vulnera los derechos sindicales, al contar esta funcionaria con fuero sindical.

Del mismo modo, rechazamos cualquier tipo de arbitrariedad que afecte a trabajadores y trabajadoras no importando su condición, los derechos laborales y la dignidad se defienden siempre, especialmente la de aquellos que se encuentran en situación de debilidad.

Lamentamos que esta situación se haya dado al mismo tiempo en que hemos iniciado, ambas asociaciones, un proceso de diálogo y entendimiento con la Comisión de Régimen Interno de la Cámara de Diputados, espacio en el que esperamos que este tipo de situaciones y otras que hemos planteado, sean abordadas y resueltas en bien de la tranquilidad de quienes laboramos en la corporación y para evitar conflictos innecesarios.

Esperamos que la situación denunciada, por nuestra organización hermana, signifique la profundización del diálogo y el intercambio en términos positivos conducentes a evitar que tan lamentables episodios se repitan y que el espíritu de entendimiento manifestado por ambas partes se siga enriqueciendo para el bien del trabajo de la Cámara de Diputados y de quienes forman parte de ella.
ASOCIACION DE TRABAJADORES DE PARLAMENTARIOS DE CHILE
AFUTRAPARCH


                                                                            VALPARAÍSO, 06 de enero de 2016

lunes, 4 de enero de 2016

La indignidad de la clase política. Por Juan Pablo Cárdenas.

En la época republicana de nuestro país que fuera interrumpida brutalmente por el Golpe de 1973 era propio observar que las coaliciones políticas en el poder se afectaban constantemente con la renuncia de ministros de estado y otros altos funcionarios públicos que entraban en contradicción con el Presidente de la República. Cuando algunos demócrata cristianos ingresaron por primera vez a un gabinete ministerial, al poco tiempo se vieron forzados a renunciar para no hacerse cómplices de la represión social instruida por el mandatario del Partido Radical. La propia dictadura de Pinochet hizo vanos intentos  por captar colaboradores entre algunas colectividades políticas que prefirieron, sin embargo, el camino de la disidencia a la posibilidad de hacerse cómplices de sus despropósitos. Resistiéndose, incluso, a esa siempre tentadora idea de “cambiar las cosas por dentro”, como algunos creen que es posible.
En todo el tiempo de la posdictadura, por el contrario, es evidente que el afán de la política ha sido fundamentalmente compartir el poder con quien sea y a cualquier precio, más que servir a proyectos históricos o programas de gobierno. Con el gobierno de Patricio Aylwin se consolidó el  denominado “partido transversal”, integrado por una cúpula política que tomaba las decisiones por encima del parecer de los partidos que integraban la Concertación. De esta forma es difícil concebir a un candidato presidencial como Sebastián Piñera que ofreciera más resistencia al interior de los dos partidos de la derecha, pero éste logró imponerse de todas maneras como abanderado y llegar a La Moneda, cuando la UDI y Renovación Nacional se convencieron que era el recurso más expedito para hacerse del Poder Ejecutivo.
Algo similar ocurre ahora con el convencimiento que muchos tienen en cuanto a que los ex presidentes Ricardo Lagos y el propio Piñera no hicieron gobiernos efectivos, ni probaron atributos políticos ni éticos que les merezca ser reelegidos, pero en la pragmática de los cálculos electorales no son pocos los que se muestran dispuestos a que regresen al gobierno si eso los conduce a ellos al poder y a los cargos de confianza o influencia de la administración pública.
En los tiempos actuales, lo cierto es que hemos contemplado todo tipo de indignidades en los integrantes de la clase política. Ministros que fueron expulsados a pocos días de haber sido nombrados sin que siquiera se animaran a protestar por tales atropellos,  en la esperanza siempre de ser destinados a otros cargos después de soportar el bochorno.  Ministros, subsecretarios y otros altos funcionarios públicos humillados inmisericorde y hasta groseramente, como ocurriera con dos de los más “estrechos colaboradores” del gabinete de la Presidenta Bachelet.  En esto, se sabe las embajadas, las asesorías y los directorios de las empresas públicas son un verdadero placebo, como un plácido destino para todos los personajes que son ninguneados. Así como un buen recurso para que las colectividades gobernantes acepten tales destituciones sin “chistar” demasiado.
En el extranjero cuesta mucho concebir que un viaje tan importante como el de la actual Presidenta a La Araucanía, las zona “más caliente” del país, haya pasado inadvertido por su propio ministro del Interior y que éste se mantenga indignamente en sus funciones después de tamaño desaire. Pero más increíble nos parece que, después de tan inmenso agravio, el partido político del jefe del Gabinete aprecie que este desdén a su más alto militante en el Gobierno pueda catapultarlo como abanderado presidencial de su colectividad.
Es claro que todo se vale en este tiempo de indignidades. Recordemos que después de la primera gestión de Michelle Bachelet se pensó que sería muy difícil que otra mujer pudiera llegar al gobierno en el próximo tiempo, y ya se ve que ésta recibiera al poco tiempo el entusiasta apoyo hasta de sus más encarnizados detractores. Varios de los cuales empezaron a retornar a los más altos cargos públicos una vez que la “patrulla juvenil bacheletista” cayera en desgracia y la Nueva Mayoría optara por reivindicar su pasado concertacionista. Un fenómeno que mantiene impertérritos a algunos partidos y movimientos que se incorporaron al oficialismo en la ilusión de que, con una segunda oportunidad, la señora Bachelet  podría emprender muchas reformas que ahora se hacen agua con el cambio de hegemonía dentro de su gobierno, y la desazón que prevalece en el país respecto de la Primera Mandataria.
Los que más creen en las encuestas y toman decisiones en relación a sus resultados no le hacen asco a permanecer en los altos cargos públicos y abrigar desafíos electorales luego del descrédito que les señalan tales sondeos de opinión pública. En efecto, desde fuera de la política, desde el mismo periodismo, realmente no entendemos cómo los escándalos de Caval, Soquimich, Penta y otros no han provocado las renuncias de los principales inculpados. Que existan parlamentarios sobornados por las empresas que todavía se resistan a dejar sus cargos, así como jefes de partidos, alcaldes y candidatos embadurnados por el cohecho, la evasión tributaria y otros delitos sin la menor disposición a retirarse del servicio público. Cuando se sabe del costo que pagan en las auténticas democracias los que se corrompen y traicionan la confianza pública. Así como ocurría en el pasado en nuestro país cuando lúcidos y promisorios dirigentes eran desestimados por sus propios partidos apenas ofrecían sospecha de estar involucrados en negocios turbios, vicios personales o relaciones incompatibles con su misión. Probablemente lo más insólito de todo esto sea la renuencia de la UDI de marginar o sancionar al ex senador Jovino Novoa luego de ser condenado por sus repugnantes delitos de acción pública.
Se repite que los corruptos son acotados y que ello no tiene por qué afectar el prestigio de la política en su conjunto. Sin embargo, lo que se aprecia es que ya estamos en plena crisis institucional y que los tres poderes del estado y otras importantes reparticiones públicas se encuentran tan desacreditadas como los propios partidos políticos, las más inescrupulosas empresas y otras entidades infiltradas por la usura, el ultraje a los consumidores. Bajo la flagrante protección, por lo demás, de jueces y medios de información que siguen impunes, también, respecto de sus graves delitos y complicidades del pasado.
Sin embargo, al no haber una reacción de la propia política y de sus instituciones frente a tantos malhechores altamente empinados en el poder, se hace imposible a esta altura separar  al “trigo de la cizaña”, por lo que en tales escándalos, falta de probidad y colusión tienen sin duda también responsabilidad quienes siguen contemporizando con sus colegas imputados, aplazando indolentemente la desvinculación de éstos de sus funciones y colectividades. Como también urdiendo soluciones como los juicios abreviados, amnistías y otras triquiñuelas legislativas en el intento de dar vuelta la página y seguir apelando al respaldo ciudadano en los comicios venideros. Aunque los niveles de abstención hayan superado ya con creces a los votantes efectivos.
Una indolencia que contribuye a que aquella vocación democrática de los chilenos siga deteriorándose según lo están indicando solventes estudios regionales como el de Latinobarómetro, que nos alerta del riesgo, incluso, de otra brutal ruptura en nuestra convivencia. Porque sabido es que cuando la indignidad política se hace generalizada solo es posible augurar tempestades sociales.
Fuente: http://radio.uchile.cl/2016/01/04/la-indignidad-de-la-clase-politica?platform=hootsuite