Luis Silva y la felonía. Por Hugo Villar C.
Estimadas auditoras y auditores, conocen
ustedes a Luis Silva, no un Luis Silva cualquiera, sino Luis Silva y la Irarrázabal,
el ya autodenominado Profe Silva, el producto de marketing digital más
avanzado, el mismo que hizo clase en universidades cuyos dueños son la élite
económica y política del país. Es el mismo que en la fallida discusión de la
nueva Constitución encabezó las posiciones más conservadoras y retardatarias,
por ejemplo, contra el matrimonio homosexual, contra la eutanasia, contra el
aborto. Como se corresponde con ese pensamiento antediluviano, se declara
numerario del Opus Dei, el que se enorgullece de su celibato y es dirigente del
Partido Republicano, la ultraderecha nacional.
Es el mismo que, sin pudor alguno, se ha
declarado admirador de Pinochet, un tipo peligroso, ciertamente. Sus hermanos,
Sebastián, director de cine, y Valentina, diseñadora gráfica, quisieron alertar
al país cuando dijeron de Luis que era un peligro nacional. Con el acuerdo del
todavía ministro de Justicia, Fernando Rabat, el presidente Kast, nombró a Luis
Silva Irarrázabal como subsecretario de Justicia.
Ahora, ¿quién lo nombró? Lo destituyó, pero no
por su participación junto al ministro en la reducción de penas a por lo menos
59 abusadores sexuales y violadores de niñas, niños y adolescentes. Kast
tampoco lo removió por haber instado para que se dejase en libertad a tres
criminales presos, partícipes en el secuestro y desaparición de cinco jóvenes
del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en 1987. Fue destituido porque,
eludiendo su responsabilidad y encubrimiento de pederastas, le cargó toda la
culpa a Fernando Rabat, su jefe y ministro.
Dijo que solo había firmado decreto por orden
del ministro y siguiendo su jurídica interpretación. Los delincuentes, cuando
son sorprendidos frecuentemente, delatan a quienes han participado en sus
crímenes e intentan eludir su participación y responsabilidad en los delitos
cometidos. Ni con ellos son leales.
La felonía es otro rasgo distintivo. Juzguen
ustedes si, como dicen sus hermanos, Luis Silva Irarrázabal, es realmente un
peligro nacional. También pueden preguntarse, estimadas auditoras y auditores,
acerca de su lealtad.
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